Clarin, 21 de Octubre de 2011
Hay mejoras, pero aparecen fenómenos muy nocivos a la seguridad vial que determinan lesiones severas y pérdidas de vidas en franjas etarias muy sensibles de la población. Me refiero al incremento alarmante de la participación de los ciclomotores y motos en los siniestros viales graves. En 2010, fue de un tercio de los siniestros graves (cuando hasta 2005 nunca superaban el 10%), siendo su mayor pico en septiembre pasado, cuando 4 de cada 10 siniestros involucraron una moto o un ciclomotor.
Y esto posee su correlato, tanto en la mayor participación de conductores siniestrales jóvenes (de 17 a 30 años) y en la mayor afectación en la morbi-mortalidad donde el “grueso” de las víctimas se comprende en la franja de 16 a 30 años.
Lo que resulta lógico en función a la accesibilidad a este tipo de vehículos desde numerosos puntos de vista:
Psicofísicos: condiciones naturales más adecuadas para el uso de estas unidades.
Sociales: Muchos no han formado aún familia, y usualmente no requieren de varias plazas en la unidad para el transporte.
Económicas: Sobre todo en motos de baja cilindrada, para el costo final y facilidades de pago en su adquisición.
Laborales: herramienta hábil para un determinado mercado (mensajerías, delivery, etc.)
Administrativas: Enorme facilidad para circular sin los trámites que requiere un automotor. Hoy se intenta empadronarlos. Y podríamos seguir…
Evidentemente, la solución supera la simple provisión de cascos y control efectivo de su uso (tema que posee fallas notorias). Se deben coordinar estas acciones:
1. Mayor exigibilidad en las habilitaciones para conducir estos vehículos. Más seriedad y responsabilidad en la capacitación y habilitación de los nuevos conductores por parte del Estado.
2. Capacitación obligatoria para su uso laboral. Mejorar los procesos de selección y capacitación en las empresas cuyo personal usa estos vehículos.
3. Programas especiales de formación en seguridad vial para los colectivos profesionales que utilizan la moto y el ciclomotor.